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Drácula

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2 de noviembre, por la mañana. Tuve éxito y tomamos turnos para conducir durante toda la noche; ahora ya es de día y el tiempo está claro a pesar de que hace frío.

Hay una extraña pesadez en el aire...; digo pesadez porque no encuentro una palabra mejor; quiero decir que nos oprime a ambos. Hace mucho frío y sólo nuestras pieles calientes nos permiten sentirnos cómodos. Al amanecer, van Helsing me hipnotizó, dice que contesté: "Oscuridad, roces de madera y agua rugiente", de manera que el río está cambiando a medida que ascienden. Mi gran deseo es que mi amado no corra ningún peligro; no más de lo necesario, pero estamos en las manos de Dios.
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2 de noviembre. Llevamos tres días galopando. No hay nada nuevo y, de todos modos, no hubiera tenido tiempo para escribir nada, en caso de que hubiera habido algo.

Solamente tomamos los descansos necesarios para los caballos, pero ambos lo estamos soportando muy bien. Los días en que corríamos tantas aventuras están resultando muy útiles. Debemos continuar adelante; nunca nos sentiremos contentos en tanto no volvamos a ver la lancha.
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2 de noviembre, por la mañana. El día está muy claro. Mi buen amigo no quiso despertarme. Dijo que hubiera considerado eso como un pecado, ya que estaba dormido pacíficamente y, por el momento, me olvidaba de mis pesares. Me pareció algo desconsiderado el haber dormido tanto tiempo y dejarlo velando durante toda la noche, pero tenía razón. Soy un hombre nuevo esta mañana y, mientras permanezco sentado, viéndolo dormir a él, puedo ocuparme del motor, del timón y de la vigilancia. Siento que mis fuerzas y mis energías están volviendo a mí. Me pregunto dónde estarán ahora Mina y van Helsing. Debieron llegar a Veresti aproximadamente al mediodía del miércoles. Necesitarían cierto tiempo para conseguir la calesa y los caballos, de modo que si se habían puesto en marcha, avanzando con rapidez, estarían ya cerca del Paso del Borgo. ¡Que Dios los ayude y los cuide! Temo pensar en lo que pueda suceder. ¡Si pudiéramos avanzar con mayor rapidez! Pero no es posible. Los motores están trabajando a plena capacidad, y no es posible pedirles más. Me pregunto también cómo se encuentran el señor Morris y el doctor Seward. Parece haber interminables torrentes que bajan de las montañas hasta el río, pero como ninguno de ellos es demasiado ancho..., en este momento cuando menos, aun cuando sean indudablemente terribles en invierno y cuando se derrite la nieve, los jinetes no encontrarán grandes dificultades para cruzarlos. Espero alcanzar a verlos antes de llegar a Strasba, puesto que si para entonces no hemos atrapado al conde, será quizá preciso que nos reunamos para decidir qué vamos a hacer a continuación.
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1 de noviembre. Hemos viajado todo el día a buena velocidad. Los caballos parecen saber que los estamos tratando con bondad, ya que demuestran la voluntad de avanzar al mejor paso. Hemos tenido algunos cambios y encontramos tan constantemente lo mismo, que nos sentimos animados a pensar que el viaje será fácil. El doctor van Helsing se muestra lacónico; les dice a los granjeros que se apresura a ir a Bistritz y les paga bien por hacer un cambio de caballos. Nos dan sopa caliente, café o té, y salimos inmediatamente. Es un paisaje encantador, lleno de bellezas de todos los tipos imaginables, y las personas son valerosas, fuertes y sencillas; parecen tener muchas cualidades hermosas. Son muy, muy supersticiosos. En la primera casa en que nos detuvimos, cuando la mujer que nos sirvió vio la cicatriz en mi frente, se persignó y puso dos dedos delante de mí, para mantener alejado el mal de ojo. Creo que hasta se tomaron la molestia de poner una cantidad adicional de ajo en nuestros alimentos, y yo no puedo soportarlo. Desde entonces, he tenido el cuidado de no quitarme el velo, y de esa forma he logrado escapar a sus suspicacias. Estamos viajando a gran velocidad, y puesto que no tenemos cochero que pueda contar chismes, seguimos nuestro camino sin ningún escándalo; pero me atrevo a decir que el miedo al mal de ojo nos seguirá constantemente por todos lados. El profesor parece incansable; no quiso descansar en todo el día, a pesar de que me obligó a dormir un buen rato. Al atardecer, me hipnotizó, y dice que contesté como siempre: "Oscuridad, ruido de agua y roce de madera." De manera que nuestro enemigo continúa en el río. Tengo miedo de pensar en Jonathan, pero de alguna manera ya no siento miedo por él ni por mí. Escribo esto mientras esperamos en una granja, a que los caballos estén preparados. El doctor van Helsing está durmiendo. ¡Pobre hombre! Parece estar muy cansado y haber envejecido y encanecido. Pero su boca tiene la firmeza de un conquistador. Aun en sueños, tiene el instinto de la resolución. Cuando hayamos emprendido el camino, deberé hacer que descanse, mientras yo misma conduzco la calesa; le diré que tenemos todavía varios días por delante, y que no debe debilitarse, cuando sea necesaria toda su fuerza... Todo está preparado. Dentro de poco partiremos.
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1 de noviembre, por la noche. No hemos tenido noticias en todo el día ni hemos encontrado nada del tipo que buscamos. Ya hemos pasado Bistritza, y si nos equivocamos en nuestras suposiciones, habremos perdido la oportunidad. Hemos observado todas las embarcaciones, grandes y pequeñas. Esta mañana, temprano, la tripulación de uno de ellos creyó que éramos una nave del gobierno, y nos trató muy bien. Vimos en ello, en cierto modo, un mejoramiento de nuestra situación; así, en Fundu, donde el Bistritza converge en el Sereth. Conseguimos una bandera rumana que ahora llevamos en la proa. Este truco ha tenido éxito en todos los botes que hemos encontrado a continuación; todos nos han mostrado una gran deferencia y nadie ha objetado nada sobre lo que deseábamos inspeccionar o preguntar. En Fundu no logramos noticias sobre ningún barco semejante, de modo que debió pasar por allí de noche. Siento mucho sueño; el frío me está afectando quizá, y la naturaleza necesita reposar de vez en cuando. Godalming insiste en que él se encargará del primer cuarto de guardia. Dios lo bendiga por todas sus bondades para con Mina y conmigo.
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31 de octubre. Llegamos a Veresti por la tarde. El profesor me dice que esta mañana, al amanecer, a duras penas pudo hipnotizarme, y que todo lo que pude decir fue: "oscuro y tranquilo". Ahora está fuera, comprando una calesa y caballos; dice que más tarde tratará de comprar más caballos, de manera que podamos cambiarlos en el camino. Nos quedan todavía ciento diez kilómetros por recorrer. El paisaje es precioso y muy interesante; si nos encontráramos en diferentes circunstancias, ¡qué encantador resultaría contemplar todo esto! Si Jonathan y yo viajáramos solos por estas tierras, ¡qué placer sería! Podríamos detenernos, veríamos a la gente, aprenderíamos algo sobre ella y llenaríamos nuestras mentes con todo lo pintoresco y el colorido del campo salvaje y hermoso y las personas tan singulares. Pero, ¡ay...!

Más tarde. El doctor van Helsing ha regresado. Consiguió la calesa y los caballos; vamos a cenar, y emprenderemos el viaje dentro de una hora. La casera nos está preparando una enorme canasta de provisiones; parece ser suficiente para toda una compañía de soldados. El profesor la anima y me dice en susurros que es posible que pase una semana antes de que podamos volver a obtener alimentos. El también ha estado de compras, y ha enviado a su casa un conjunto maravilloso de abrigos y pellizas y toda clase de ropa de abrigo. No tendremos ningún peligro de sentir frío.
Pronto nos pondremos en marcha. Temo pensar en lo que puede sucedernos; verdaderamente, estamos en las manos de Dios; solamente Él sabe lo que puede suceder y le ruego, con toda la fuerza de mi alma triste y humilde, que cuide a mi amado esposo; que, suceda lo que suceda, Jonathan pueda saber que lo amo y que lo he honrado más de lo que puedo expresar, y que mi último y más sincero pensamiento afectuoso será siempre para él.
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31 de octubre. Continuamos avanzando a buena velocidad. Ha llegado el día y Godalming está durmiendo. Yo estoy de guardia. La mañana está muy fría y resulta muy agradable el calor que se desprende de la caldera, a pesar de que llevamos gruesas chaquetas de piel. Hasta ahora, solamente hemos pasado a unos cuantos botes abiertos, pero ninguno de ellos tenía a bordo ninguna caja de equipo de ninguna clase, de tamaño aproximado a la que estamos buscando. Los hombres se asustaban siempre que volvimos nuestra lámpara eléctrica hacia ellos, se arrodillaban y oraban.
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30 de octubre, por la noche. Estoy escribiendo esto a la luz que despide la caldera de la lancha de vapor; lord Godalming está haciendo de fogonero. Tiene experiencia en el trabajo, puesto que tuvo durante muchos años una lancha propia en el Támesis y otra en Norfolk Broads. Con relación a nuestros planes, hemos decidido finalmente que las suposiciones de Mina eran pertinentes y que si el conde había escogido una vía acuática para regresar a su castillo, debía tratarse necesariamente del río Sereth y del Bistritza. Supusimos que en algún lugar cerca del grado cuarenta y siete de latitud norte sería el escogido para atravesar el país entre el río y los Cárpatos. No teníamos miedo de avanzar a buena velocidad sobre el río, en plena noche; el agua es profunda y las orillas están lo suficientemente separadas de nosotros como para que podamos navegar tranquilamente y sin dificultades, incluso en la oscuridad. Lord Godalming me dice que duerma un rato; que es suficiente por el momento que se quede uno de nosotros de guardia.

Pero no puedo dormir... ¿Cómo iba a poder hacerlo, con el terrible peligro que pesa sobre mi querida esposa y al pensar que se dirige hacia ese maldito lugar...? Mi único consuelo es que estamos en las manos de Dios. Lo malo es que, con esa fe, sería más fácil morir que continuar viviendo, para terminar de una vez con todas estas preocupaciones. El señor Morris y el doctor Seward salieron para hacer su enorme recorrido a caballo, antes de que nosotros nos pusiéramos en marcha; deben mantenerse sobre la orilla del río, a bastante distancia, sobre las tierras altas, como para que puedan ver una buena extensión del río sin necesidad de seguir sus meandros. Para las primeras etapas, llevan consigo a dos hombres, para que conduzcan a sus caballos de refresco... Cuatro en total, con el fin de no despertar la curiosidad. Cuando despidan a los hombres, lo cual sucederá bastante pronto, deberán cuidar ellos mismos de los caballos. Es posible que necesitemos unirnos todos y, en ese caso, todos podremos montar en los caballos... Una de las sillas de montar tiene un pomo móvil, que puede adaptarse para Mina, en caso necesario.

Hemos emprendido una aventura terrible. Aquí, mientras avanzamos en medio de la oscuridad, sintiendo la frialdad del río que parece levantarse para golpearnos, rodeados de todas las voces misteriosas de la noche, vemos todo claramente. Parecemos ir hacia lugares desconocidos, por rutas desconocidas, y entrar en un mundo nuevo de objetos oscuros y terribles. Godalming está cerrando la puerta de la caldera...
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Cuando concluí la lectura, Jonathan me tomó en sus brazos y me abrazó; los demás me tomaron de ambas manos, me sacudieron y el doctor van Helsing dijo:

-Nuestra querida señora Mina es, una vez más, nuestra maestra. Sus ojos se han posado en donde nosotros no habíamos visto nada. Ahora, estamos nuevamente sobre la pista y, esta vez, podemos triunfar. Nuestro enemigo se encuentra en su punto más débil y, si podemos alcanzarlo de día, sobre el agua, nuestra tarea habrá concluido. Tiene cierta ventaja, pero no puede apresurarse, ya que no puede abandonar su caja con el fin de no despertar sospechas entre quienes lo transportan; en el caso de que ellos sospecharan algo, su primera reacción sería la de arrojarlo inmediatamente por la borda, y perecería en el agua. Naturalmente, él sabe eso y no puede exponerse. Ahora, amigos, celebremos nuestro consejo de guerra, puesto que es preciso que proyectemos aquí mismo, en este preciso instante, lo que cada uno de nosotros debe hacer.

-Voy a conseguir una lancha de vapor...Collapse )
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30 de octubre, por la noche. Estaban todos tan cansados, desanimados y tristes, que no era posible hacer nada sin que antes descansaran; por consiguiente, les pedía todos que se acostaran durante media hora, mientras yo lo escribo todo, poniendo al corriente los diarios hasta el momento actual. Me siento muy agradecida hacia el inventor de la máquina de escribir portátil y hacia el señor Morris, que me consiguió ésta. El trabajo se me hubiera hecho un poco pesado si hubiera tenido que escribirlo todo con la pluma...

Todo está hecho; pobre y querido Jonathan, ¡cuánto ha sufrido y cuanto debe estar sufriendo todavía! Está tendido en el diván y apenas se nota que respire; todo su cuerpo parece ser víctima de un colapso. Tiene el ceño fruncido y su rostro refleja claramente su sufrimiento. Pobre hombre, quizá está pensando y puedo ver su rostro arrugado, a causa de sus reflexiones. ¡Si pudiera serles de alguna utilidad...! Haré todo lo posible.

Le he preguntado al doctor van Helsing...Collapse )
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